viernes, 6 de diciembre de 2013

PREGÓN DE LA NAVIDAD 2013





PREGÓN DE NAVIDAD
Las Palmas de Gran Canaria
Casa de Colón, 29 de noviembre de 2013
“La navidad es el amor expresado, no el atrezo de una fiesta”
ÁNGEL RUIZ QUESADA
Excelentísimo y Reverendísimo Señor don Francisco Cases Andreu, Obispo de Canarias.
Ilustrísimas Autoridades, Señor Presidente de la Asociación de Belenistas Canarios San Juan de Dios, belenistas de Canarias, familiares y amigos todos.
He de comenzar expresando mi sincero agradecimiento a la directiva que preside don Vicente Antonio Díaz Melián, por aceptar la propuesta de don Miguel Rodríguez Díaz de Quintana y don José Aurelio Rosas-Surís Romero, a la que se debe que yo esté hoy ante ustedes.
Quiero también hacer llegar mi reconocimiento a los medios informativos que dan cobertura a este acto.
Se me hacen presentes muy gratos recuerdos al ser ésta la tercera vez que ocupo la tribuna de la Casa de Colón.
No me cansaré de manifestar que es un inmenso honor para mí poder participar en cualquier acto que se celebre en esta institución, por lo que representa para todos los canarios. Además, el simple hecho de acceder a este distinguido edificio, me lleva inevitablemente a evocar mi pequeña aportación a la cultura colombina. Precisamente mañana se cumplen diecisiete años del estreno en Sardina del Norte de una obra teatral de mi autoría, ocasión en la que también asumí la dirección escénica. Se trataba de  Tábata y el Nuevo Mundo. Como parte de la representación, quedó inaugurado un monumento conmemorativo cuya placa dice así: Frente a esta Punta de Sardina, el 11 de agosto de 1492, el Almirante de la Mar Océana don Cristóbal Colón, ordenó que la Pinta quedara en Gran Canaria para reparar su timón, mientras Él seguía con la Santa María y La Niña hacia La Gomera, desde cuya isla y tras una estancia de siete días en Gran Canaria, lanzándose al Mar Tenebroso en el Viaje del Descubrimiento. Emprendió la aventura que fue trascendental para la humanidad. (El texto de dicha placa, tiene su autor, y es del investigador don José de Armas Díaz, que también me honra con su presencia).
Me enfrento al gran inconveniente de ser el quinto orador que se hace cargo de esta recuperación del pregón de  Navidad por parte de la Asociación de Belenistas Canarios ya que los que me han precedido no sólo son personalidades de alto y reconocido prestigio, sino que sus trabajos son verdaderas lecciones magistrales, difíciles de superar. Hablo de don Juan José Laforet Hernández, doña Rosa María Jorge Fierro, don Antonio Cruz Domínguez y don José Ramón Pérez Acosta. A este último le agradezco de corazón una presentación tan cariñosa que me ha dedicado.
Cada uno de ellos ha recogido de manera veraz y pormenorizada destacados aspectos  de la Navidad canaria. Cada uno ha sabido reflejar  la belleza de una tradición extendida por todo el ámbito de nuestras islas. Han recordado a los belenistas y sus obras más importantes. Han resaltado, con el mayor acierto, el sentido histórico, religioso y festivo de este día de diciembre. Nos han traído los testimonios más expresivos de personajes, lugares y anécdotas. 
Igual nivel de perfección alcanzaron quienes, según mis datos, fueron los primeros pregoneros: en 1996 y 1997 el propio don Juan José Laforet Hernández, Doctor en Historia del Periodismo y en Ciencias de la Información, actual Cronista oficial de Gran Canaria y, en 1998 el poeta Chano Sosa, licenciado en Historia del Arte y cronista oficial de la Villa de Agaete. Uno y otro disertaron en la Plaza de Santa Ana.
¿Qué es lo que quedará por decir?  Muy poco. Pero intentaré no defraudar a quienes me han llamado a pronunciar estas palabras.
Siempre he creído que, al presentar cualquier festividad, no sólo hay que hablar con el corazón, sino también llegar al corazón. Por eso, y con la certeza de que todos comparten conmigo este pensamiento, quiero llevar al corazón de todos a los numerosos habitantes de Filipinas que han sufrido el último desastre. Que Dios Nuestro Señor les ayude a todos y, aunque sea difícil de entender, que este trágico suceso sirva para reflexionar y aumentar nuestra fe.
Durante el tiempo que comparta con ustedes, este humilde pregonero pondrá todos los medios a su alcance para dedicar su mejor canto al Niño Dios, verdadero protagonista de las Fiestas Navideñas, por mucho que alguien se interponga, llámese Papá Noel, Santa Claus o cualquier otro personaje. Coincide en este empeño con cientos de belenistas canarios que, al amparo de su Asociación, están recuperando el arte tradicional del Portal de Belén.
Por supuesto, yo también me considero belenista. Y no porque en mi niñez me dedicaba a montar el pequeño belén en cualquier lugar o esquinita de mi casa, plantaba alpiste, iba en pandilla a buscar la hierba humedecida llamada musgo y   aprovechaba la platina de los primeros paquetes de cigarrillos de los pudientes para simular el agua del río.
Me considero mucho más belenista por mi afición teatral, con mucho respeto, por supuesto, a los que elaboran extraordinarios belenes. Lo afirmo por ser un humilde autor y director de belenes vivientes en escenarios naturales.
Me permito apoyar mi pretensión en haber intervenido, como  arreglista y realizador, en la escenificación de una manifestación teatral dedicada al Niño Dios en Gáldar, el “Auto de los Reyes Magos”, que el Gobierno de Canarias ha declarado de interés regional manifestando que nadie duda de su carácter inmemorial y sea uno u otro camino por el cual esta tradición centenaria sigue representándose en la Real Ciudad de Gáldar, lo cierto es que en su persistencia y embellecimiento, en la riqueza que se le ha ido sumando, el Grupo de Teatro Ajódar, tiene en los últimos decenios contraída una responsabilidad autoimpuesta que tan sólo se explica por el amor y el entusiasmo que sus componentes han volcado en la salvaguarda de una de nuestras más acrisoladas tradiciones…
Ésta fue la justa recompensa a cientos y cientos de integrantes del grupo teatral mencionado y a muchos colectivos  socioculturales que, unidos todos y de manera totalmente altruista, llevaron a cabo la representación durante quince años ininterrumpidos.
En nombre de todos los que entonces  colaboraron conmigo, y con el beneplácito de ustedes, quiero dedicar un recuerdo a determinadas personas que, apenas llegadas a este mundo, representaron al Niño Jesús. Y, por supuesto, a sus familias que así lo permitieron.
Quiero traerles esta noche un mensaje de amor, de paz, de felicidad y -lo que es más importante- de solidaridad, porque entiendo que este último término abarca todo el amor que nos desea San Juan en la segunda de sus cartas cuando nos dice: 
Así Dios nos manifestó su amor:
envió a su Hijo único al mundo,
para que tuviéramos Vida por medio de él.
Por todo ello, y como hombre de teatro, quería traerles una reflexión acorde con mi afición. Comentando esto con uno de mis yernos, Walter, me dijo:
La navidad es el amor expresado, no el atrezo de una fiesta
Esta frase nos llevó a un buen rato de conversación. Les hago partícipes de lo que concluimos.  Intentemos olvidarnos del conjunto de adornos en que se ha convertido la Navidad,  o mejor, no le demos tanta importancia. Tengamos la valentía de sacarle más partido a la expresión del amor que nos trajo Jesucristo cuando vino entre nosotros. Abracemos del modo más decidido el verdadero significado de la Navidad, que como todos sabemos es la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.
Por eso no debemos olvidarnos en ningún momento de lo más esencial del mensaje que nos trajo en su nacimiento. Me refiero a la obligación que tenemos todos de convivir juntos, de compartir, de ayudarnos, de amarnos.
Como padre de una amplia familia, he vivido en más de una ocasión el alcance más profundo del amor. Cuando una de mis hijas, cualquiera de ellas, me plantea algún problema que en principio parece que no tiene solución, con decirle “Tranquila, hija, tranquila, yo estoy aquí” noto el amor en sus ojos. Otro tanto sucede con su madre, mi mujer.
En consecuencia, quiero referirme en especial al voluntariado. Mucho se ha hablado del mismo. Muchos significados preciosos se han atribuido a esta actividad. En no pocas ocasiones, se ha convertido en simple oportunidad de aparentar, que se quedan en nada a la hora de la verdad. Lo digo por experiencia propia, puesto que tanto mi mujer, Juana Molina Vega, como quien les habla, somos humildes voluntarios de nuestra parroquia en Gáldar. Vemos de cerca, y muy frecuentemente, múltiples ejemplos de entrega incondicional. Son personas dignas del mayor reconocimiento posible, no sólo porque la situación actual hace que parezcan más necesarias, si bien las circunstancia adversas que todos padecemos nos recuerdan que existen muchas áreas que esperan nuestro compromiso.
Debemos tener la humildad de acudir a donde podemos ser más  útiles, y no a donde podamos darnos a conocer como voluntarios.
Lo digo especialmente por los que colaboramos en centros de reparto de alimentos o en comedores sociales, porque allí se necesita mucha capacidad y mucho amor para poder lograr una obra de caridad en lugar de algo totalmente opuesto. Debe tenerse en cuenta, pues en muchos casos, sin pretenderlo, es posible causar un verdadero mal. Son bastantes las ocasiones en que, atendiendo al prójimo, caemos en la despersonalización, que nos lleva a desconfiar de todo el mundo.
Las conversaciones con nuestros semejantes necesitados nos revelan, con frecuencia, cómo a la impotencia por tener que acudir a un centro asistencial se añade el dolor de no recibir siempre un trato mínimamente humano.    
De ningún modo cabe pensar que nuestra obligación concluye facilitando un desayuno o una bolsita de comida o informando dónde encontrar a los asistentes sociales de los Ayuntamientos. Al menos hemos de acompañarles en sus gestiones en las oficinas públicas, con el fin de que puedan aprovechar debidamente las posibilidades que se les ofrecen; todos sabemos que un buen “mediador” facilita por igual la tarea del funcionario y los pasos que debe dar el usuario.
Una de las frases más comunes en el terreno de la solidaridad es especialmente escueta y contundente: entre todos. Se está generalizando gracias a un magnífico programa televisivo que emite todas las tardes la Primera Cadena, del que somos fieles seguidores todos los de mi casa. Poniéndonos ante la vista una extraordinaria cantidad de casos de necesidad acuciante, nos sugiere a la mayor parte de nosotros que deberíamos estar dando gracias a Dios cada día y a cada hora. Pero no se limita a esto, sino que nos plantea excelentes ideas para ayudarnos unos a otros por medio de unas “redes familiares” fáciles de crear. Sin duda alguna, aquí está presente el amor. No olvidemos que su significado académico es el sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
Una destacada poetisa del Norte grancanario, María Celestina Molina Díaz, de quien he recogido varias sugerencias en este trabajo,  ha atendido mi solicitud de una definición del amor de una forma muy breve:
Cuatro letras,
nada cuestan,
dichas de corazón,
Amor.
Me atrevo a proponer una experiencia que, seguramente, ya conocen muchos de los que me escuchan. No es otra que la de sentarse a desayunar o almorzar con un necesitado. Resulta sumamente interesante. San Lucas recoge lo que Jesús dijo a un fariseo que le había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos”
El Papa Francisco asume el contenido de estas palabras cuando nos dice que debemos mirar a los ojos a los pobres,  puesto  que el cristiano no es uno al que se llena la boca con los pobres, sino uno que los encuentra, que los mira a los ojos, que los toca.
Todos estamos llamados a ser pobres, prosigue, a despojarnos de nosotros mismos. Y por eso debemos aprender a estar con los pobres, a compartir con quien está privado de lo necesario, a tocar la carne de Cristo...
Si queremos ser cristianos no hay otro camino. No podemos hacer cristianismo sin Jesús, sin cruz, sin despojarnos, porque si no seremos cristianos de pastelería, dulces, bonitos, pero no cristianos de verdad.
Estas hermosas palabras las pronunció el pontífice el día que almorzó en el comedor de Cáritas en Asís, compartiendo la mesa con cincuenta y cuatro necesitados. En la misma jornada nos recordó muy oportunamente:
Los hombres y mujeres de Iglesia que son arribistas, escaladores, que "usan" el pueblo, la Iglesia, los hermanos y hermanas - a los que deberían servir- como trampolín para sus propios intereses y ambiciones personales, hacen un daño grande a la Iglesia.
Son afirmaciones que deberían tener en cuenta quienes proponen que se suprima la asignación a la Iglesia en las declaraciones de la renta tomando como pretexto ciertas conductas individuales. O al menos, deberían escuchar la sabiduría popular: “Los hay tan malos que parece que todos son malos”.
Quiero que hablemos ahora de otra clase de voluntariado. Ya sabemos que este término comprende un sentido muy extenso.
Se trabaja como voluntario en los colectivos socioculturales, las asociaciones vecinales, los grupos de teatro (como el mío), las agrupaciones musicales, deportivas, literarias, etc. Es la labor de rescatar y conservar nuestras tradiciones, fundamentales en la historia de cada pueblo.
Es el campo en el que se mueven los belenistas. ¡Cuántos belenistas tenemos!  Gracias a la encomiable labor de la joven Asociación de Belenistas Canarios San Juan de Dios se está conociendo el mérito de muchas personas que, hasta la fecha, han trabajado en la oscuridad. La costumbre que ha establecido de dar a conocer cada año los nombres y las obras de algunos de tales artistas merecen los mayores elogios.
Quiero contribuir modestamente a esta valoración. Voy a hacerlo evocando a uno de estos grandes autores, (Cuando invitaba a uno de sus hijos, le decía que, entendía como “un pecado mortal” el que hoy estuviera narrándoles este pregón y su familia no estuviese presente), mi gran amigo Jorge Lorenzo Rivero, de quien recibí el ejemplo que unía la sensibilidad artística con la más alta entrega en favor de los demás, demostrado en múltiples ocasiones de colaboración.
No hace falta recordar que entramos en las fiestas de Navidad y que, como pregonero, debo anunciarles los actos que prepara la Asociación que me ha nombrado. Me es materialmente imposible mencionarlos todos, por lo que me remito al programa. No obstante, he de destacar los que van a servir para consolidar aún más a la sociedad belenista, que se traducen este año en cuatro nuevos encargos que quedarán instalados, en el vestíbulo principal del Hotel Santa Catalina, en la Fundación Mapfre Guanarteme, en el vestíbulo del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín y en la sala de exposiciones de esta Casa de Colón, donde llevará el título de “El nacimiento en África”. No será posible, en cambio, ubicar el que se hallaba previsto en la Casa de la Iglesia, debido a compromisos adquiridos para dicho emplazamiento; estamos convencidos de que el próximo año, Dios mediante, cumpliremos el propósito.
¡Estamos en Navidad! Y hablar  de Navidad, nos lleva inexcusablemente a los villancicos. Nada mejor que acudir al compuesto por uno de nuestros primeros pregoneros, Chano Sosa, un bello himno dedicado a la Navidad que obtuvo el máximo galardón en el Primer Certamen de Villancicos Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en 1974, y que ha sido orquestado por una de las mejores musicólogas de nuestra nación, Matilde Salvador, directora del Conservatorio de Valencia.
Les ruego que nos situemos por unos segundos en la noche del día 24 del próximo mes de diciembre: ha nacido Jesús. Les ruego que me acompañen cantando para Él.
Din dan, din dan, din dan…
                                               Hoy repican las campanas
                                               una a una y dos a dos,
                                               que en la Ciudad de Las Palmas       
                                               ha nacido el Niño-Dios.

Míralo qué pequeñito
                                               y reluce como un sol;
                                               su cara parece un cielo
                                               y sus ojos un primor.
                                               De nácar son sus mejillas,
                                               de coral su corazón.
                                               Y siempre está sonriendo
                                               con su sonrisa de amor.

                                               Din dan, din dan, din dan…
Hoy repican las campanas
                                               una a una y dos a dos,
                                               que en la Ciudad de Las Palmas
                                               ha nacido el Niño-Dios
                                              
Hay panderos y timplillos
                                               en toda la población
                                               De San Cristóbal le traen
                                               sardinas y un caracol.
                                               De la Isleta y el Refugio
                                               un barco con su timón.
                                               De Shamánn y Escaleritas
                                               azúcar, miel y turrón.

Din dan, din dan, din dan
                                               Hoy repican las campanas
                                               una a una y dos a dos,
                                               que en la Ciudad de Las Palmas
                                               ha nacido el Niño-Dios.

¡Feliz Navidad! ¡Muchas felicidades a todos!

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